lunes, 2 de marzo de 2026

Semana Santa Manisera

 SEMANA SANTA MANISERA


La quema de los monumentos falleros y la consecuente llegada de la primavera al compas de la saeta de Antonio Machado nos recuerda buscar una escalera para bajar a Jesús del madero porque vivimos la Semana Santa, una semana llena de Fe, llena de tradición como lo vemos a través de nuestra Semana Santa Manisera. 

 

Cuatro Hermandades o Cofradías hacen que las calles y plazas de Manises se llenen de Traslados, Procesiones y Encuentros con los que transmiten que estamos en la semana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Cuando nos acercamos a presenciar las procesiones vemos que el elemento más característico es la vesta, el habito que visten los hermanos de las Hermandades y que está formado por capucho con el que se mantienen el anonimato al tapar el rostro, la túnica con el cíngulo símbolo de penitencia, la capa, los guantes y el báculo que es la vara, de metal generalmente aunque puede ser de otro material, que los hermanos portan en las procesiones y que dan una identidad corporativa. 


Así pues, en Manises nos encontramos actualmente con cuatro Hermandades:


1.- Hermandad del Santo Sepulcro y Caballeros del Santo Entierro, fundada en 1930, con dos pasos, el Calvario del Ave Maria y el Santo Sepulcro con el Cristo Yacente. Su vesta está configurada por capucho morado con el Sepulcro bordado, capa morada con la Cruz del Santo Sepulcro bordada en el lado izquierdo, túnica blanca, cíngulo morado y blanco, sandalias moradas, báculo de metal dorado rematado por la maqueta del Santo Sepulcro y guantes blancos. El color morado es símbolo de penitencia y el color blanco símbolo de la divinidad de Cristo. Son conocidos popularmente como “els morats” por el color predominante.


2.- Hermandad de La Flagelación del Señor, Ecce-Homo y María Santísima de la Amargura y el Perdón, fundada en 1944. Tiene tres pasos, La Flagelación del Señor, el Ecce-Homo, y la Virgen de la Amargura y el Perdón. Su vesta está configurada por capuchón rojo con la columna y el flagelo rodeados de la corona de espinas bordado en el mismo, túnica de color rojo, capa blanca con la Cruz de Montesa bordada en el lado izquierdo, cíngulo amarillo, báculo de metal dorado rematado por la imagen del flagelado rodeado de la corona de espinas, y guantes blancos. El rojo es el color que representa la sangre de Cristo, el amarillo es el símbolo de la realeza de Jesús y el blanco el color de la inocencia de Cristo. Son conocidos popularmente como “els rojos” por el color predominante en la vesta.


3.- Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, Virgen de la Soledad, y del Descendimiento, fundada en 1945. Esta Hermandad procesiona con tres pasos, Jesús del Gran Poder (con la cruz a cuestas), la Vera Cruz y la Virgen de la Soledad. Su vesta se basa en el capuchón negro con el escudo de la Hermandad bordado, capa negra, túnica blanca con botonadura y cíngulo de color negro, báculo de metal blanco rematado en color dorado por la Cruz desnuda con el Sudario rodeada de la Corona de Espinas (escudo Hermandad), guantes blancos y negros, únicamente para el Miércoles Santo y Viernes Santo.


Popularmente se les conoce como “els negres” ya que es el color que destaca en su vesta. El color negro representa el luto de la Virgen por la muerte de su Hijo en la Cruz y el color blanco la pureza tanto de Maria como de su Hijo.


4.- Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Misericordias y Maria Santísima Esperanza de los Desamparados, fundada en 1946, con dos pasos, Nuestro Padre Jesús de las Misericordias y la Virgen de la Esperanza. Su vesta está formada por capucho verde con el escudo de la Hermandad bordado, cíngulo de color verde, capa, túnica y guantes de color blanco, con báculo de metal blanco rematado por el escudo de la Cofradía. El color verde es el de la Esperanza y son popularmente conocidos como “els verds”.


Los orígenes de la Semana Santa Manisera se remontan al Siglo XVI. De 1574 son los primeros datos conocidos de la existencia de la Cofradía de la Sangre, una pujante Cofradía que organizó durante decenios las procesiones de la Semana Santa. La familia Boil, Señores de Manises, siempre estuvo ligada de una manera u otra a la Semana Santa ya sea perteneciendo a la Cofradía de las Sangre, ya sea de manera directa velando por el mantenimiento de imágenes y enseres como lo atestigua el hecho de que en 1811 la Marquesa de la Scala (Señora de Manises) encargara un nuevo manto para la imagen de la Virgen de la Soledad a las Camareras de la Asunción. 


A finales del siglo XIX encontramos que no habiendo cofradía o colectivo que organizaran los actos de la Semana Santa, esta responsabilidad recae en dos familias, la de Don Francisco Arenes Sanchis y la de los hermanos Don Felix y Don Justo Vilar Arenes, primos hermanos del anterior, que de manera alterna van organizando los actos de la Semana Santa, principalmente el Acto del Descendimiento y el Santo Entierro. 


En 1930, el Párroco de ese momento Monseñor Aviñó impulsa la creación de una cofradía de carácter amplio y popular, la Cofradía del Santo Entierro, embrión de la actual del Santo Sepulcro. 


Con la aparición de las actuales Hermandades a mitad de los años 40 del siglo XX la Semana Santa Manisera evoluciona hasta nuestros días, conjugando nuevos actos con los actos tradicionales maniseros principalmente en la tarde del Viernes Santo. Destaca la realización dentro de la Iglesia de San Juan Bautista del Acto del Descendimiento, en el que los hermanos de la Soledad desenclavan solemnemente el cuerpo del Crucificado, momentos previos a la Solemne Procesión del Santo Entierro. Este Acto del Descendimiento se conserva en muy pocas poblaciones valencianas siendo Manises junto a Sagunto y Oliva donde se conserva su realización.


La Solemne Procesión del Santo Entierro en la tarde-noche del Viernes Santo recoge la participación de todas las Hermandades, junto a todos sus Pasos, siendo la más solemne de todas cuantas se realizan en la Semana Santa Manisera. Por último, destacar el Encuentro Glorioso la mañana del Domingo de Resurrección en el que las imágenes del Resucitado y la Virgen se encuentran en la Plaza de la Iglesia,  La imagen de la Virgen de la Soledad de alegría una vez esta frente a la imagen de Jesús Resucitado realiza tres reverencias hacia adelante y tres reverencias hacia atrás, cuya última reverencia da pie a la retirada del velo negro que da paso a una explosión de alegría en la Plaza de la Iglesia, en la que los sones del Himno Nacional se mezclan con los aplausos, los tambores, la caída de las aleluyas con versos en lengua valenciana y las campanas del campanario.


Antes de acabar, me gustaría nombrar a la Hermandad del Cristo del Salvador, una quinta Hermandad que existió en Manises entre los años 1964 y 1972, erigida en la Parroquia del Inmaculado Corazón de Maria. Aquella Hermandad procesionaba con dos pasos, el Cristo del Salvador (imagen que hoy preside el Altar Mayor de la Iglesia del Inmaculado Corazón de Maria) y la Virgen del Mayor Dolor. Los hermanos vestían capucho blanco con el rostro del Cristo del Salvador pintado en el mismo, capa negra con una cruz amarilla en el lado izquierdo, túnica blanca, cíngulo morado, báculo metálico rematado con una cruz y guantes blancos. 


Hoy, en el Siglo XXI la Semana Santa Manisera sigue siendo una vivencia en la que Fe, devoción y tradición se mezclan para hacer una semana única en la que traslados, encuentros y procesiones puedan transmitir el mensaje de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo de la mejor manera.


Francisco Gimeno Miñana


Artículo publicado en el Llibret de la Falla ePensat i Fer de Manises, de año 2026.

domingo, 1 de marzo de 2026

Manises pecadora

 MANISES PECADORA


Pecado, sinónimo de falta, enfocado en la responsabilidad y libertad de cada persona si es individual, y si la culpabilidad recae sobre un grupo por acciones maliciosas y cooperativas que perjudican a la sociedad será un pecado colectivo. 


Amigo lector, la época de la inmediatez que vivimos o la rapidez informativa de la que disfrutamos con internet, redes sociales y todo un mundo digital a nuestro alcance facilita la detención de pecados colectivos como la re-interpretación histórica en la que los buenos de antes son los malos de ahora. 


Pero quizás haya un pecado colectivo peor, el olvido. Es curioso que una población como Manises con multitud de cualidades, ejemplo de artesanía y laboriosidad tenga en el olvido colectivo un pecado que le consume sin remedio. No solo me refiero al olvido de nuestro patrimonio del que este último año hemos hecho gala derribando la antigua fabrica cerámica de Rosas o hace unos años el Teatro Plus Ultra ante la indiferencia de gran parte de la población y de las autoridades municipales, me refiero al olvido generalizado del que hacemos gala en nuestra esencia como pueblo.


Olvidamos quienes somos, cual ha sido nuestra función dentro del Reino de Valencia o de España. La despersonalización de los maniseros  es patente en el cambio de escudo de Manises. Hemos perdido la capacidad de defender la representación que durante tantos años hemos querido los maniseros a través que hemos normalizado y adoptado como propio de cada uno de nosotros con la mayor naturalidad. Lo que ha sido bueno y hemos utilizado para representar las fallas (a través del escudo de la Junta Local Fallera) o la Semana Santa (a través del escudo de la Junta de Hermandades), ahora deja de serlo por indicaciones externas a nuestra población que ni conocen ni quieren saber de nuestras identidad manisera, ¿dónde queda la voz de los maniseros?. 


Ser la Cuna de la cerámica no debiera haber llegado a ser nunca un tópico. En términos actuales Manises muere de éxito. Las nuevas generaciones no hemos asimilado que la cerámica no es, solo, una actividad artesanal o industrial a la que los maniseros nos hemos dedicado durante siglos. Olvidamos que es mucho más, olvidamos que es el gen que llevamos durante cientos de años, es la razón por la que aparecemos como núcleo de población ya que la tierra manisera es adecuada para hacer la arcilla con la que modelar y convertirla en cerámica. Olvidamos que nuestra actividad ha influido en la forma de hacer las casas o de nuestra configuración urbana. Olvidamos que la forma de enfocar los días está basada en la actividad de la cerámica, la forma de relacionarnos con el resto del mundo e incluso la forma de divertirnos o de realizar las fiestas. 


Pecando de bufar en caldo gelat, recalco que Manises y su actividad económica en torno a la cerámica le ha permitido mirar siempre hacia arriba, a ciudades referentes como Valencia, capital de un Reino, de la cual hemos bebido para realizar nuestras fiestas y tradiciones, ejemplo claro lo tenemos en la cabalgata de la cerámica al estilo de la batalla de flores de la feria de julio o el hecho de ser una de las primera poblaciones en tener fallas, hecho histórico sustentado por la presencia de monumentos falleros en 1924 que ya realizan su función irónica, sarcástica e incluso critica, incluso más allá de estos factores Manises tuvo la visión de abrir el termino para la ubicación del Aeropuerto, sabiendo que era una infraestructura con futuro que podía ayudar el desarrollo económico y social de la población, eso si que fue mirar al futuro.


Pero el olvido colectivo se hace patente cuando nuestra Ciudad en un ansia de regeneración, quizás en un ansia de mejorar, quizás en un exceso de información por su permanente contacto con el mundo a través de la exportación cerámica, ha hecho que sus fiestas y tradiciones evolucionen rápidamente e incluso algunas desaparezcan sin que nadie levante un dedo por ellas como en otras poblaciones si que lo pudieran hacer, aferradas a ellas por ser lo único o poco que tienen.


En Manises ya nadie recuerda la Cofradía de San José, grupo de personas encargadas de fomentar la devoción josefina que existió en torno a finales del Siglo XIX-principios del Siglo XX, y que hoy es olvidada porque disfrutamos de once comisiones falleras. 


En Manises ya nadie recuerda la fiesta de la Virgen de la Soledad que se celebraba el último domingo de agosto, organizada por los músicos de La Paz y que venía a fomentar una devocionales mariana arraigada en nuestra Ciudad durante siglos. La aparición en 1945 de la Hermandad de Semana Santa con esa misma advocación, conocida popularmente como “els negres”, recoge ese testigo. 


En Manises ya nadie recuerda aquellas tradiciones pascueras que los niños y jovenes maniseros esperaban, como el de “la masa” en la que anunciando la resurrección aporreaban las puertas de las casas con una maza de madera, obligando a que las mujeres estuvieran prestas y a la espera de que la chiquillería pasase con el fin de evitar un gran daño en la puerta de su casa. Se va olvidando los cohetes de “Gloria” en el que al toque de la Resurrección los hombres tiraban multitud de cohetes como señal de alegría y generaban todo un espectáculo pirotécnico que hemos olvidado.


En Manises ya nadie recuerda la figura de la Reina de la Cerámica que representaba a todas las fiestas locales y que tuvo la última en 1977 siendo Doña Maria Mercedes Betoret Sanchis. O ya no recordamos que nuestra Ciudad organizaba unos juegos florales, certamen poético que permitía a los autores locales y foráneos someter su producción en valenciano y castellano al examen del jurado de los Juegos que en 1965 tuvieron su última edición, siendo la última Reina de los Juegos Florales de Manises Doña Amparo Gimeno Botet.  


En Manises ya no recordamos teatros o cines como el de La Paz, el Musical o el Cine Sorolla, los tres en funcionamiento antes de la Guerra Civil (1936-1939). O hemos olvidado que posteriormente y al mismo tiempo había varios teatros y cines que abrían sus puertas, la gente acudía a los mismos y ofrecían una programación teatral y de cine de primer orden. Hablamos del Teatro Patronato (teatro parroquial fundado en 1934), el Plus Ultra, el Rex, el Germanias (el único que ha sobrevivido).


Y mucho menos recordamos la fiesta de San Francisco de Asis, una fiesta de vecinos organizada por los maniseros que vivían en la calle Mayor, al igual que la Fiesta de Santa Ana organizada por los vecinos de la calle Monseñor Aviñó, antiguamente denominada Palomares. O la fiesta de los Santos Justo y Pastor realizada por los niños varones (entre 8 y 12 años) y en la que destacan el tabac y la Rosà, un liquido color rojo pálido, perfumado y dulzón que era típico de la fiesta. O la fiesta de Santa Felix organizada por las jovenes solteras maniseras y que recordaban la llegada a Manises de los restos de la santa siciliana. O la fiesta de la Virgen de la Asunción organizada por matrimonios maniseros. O la fiesta de la Virgen de la Cueva Santa, organizada por una gran Cofradía radicada en la Parroquia del Inmaculado Corazón de Maria y que realizaba una multitudinaria peregrinación cada año al santuario de la Cueva Santa en Altura (Castellón). O los Rosarios públicos de octubre que recorrían cada domingo las calles y plazas cantando con melodía popular y propia de Manises.


Pero no solo la fiesta y tradición sustenta la personalidad de un pueblo. En el Barrio del Carmen, en Manises, olvidamos quienes son Ramón Nocedal y Amalia Mayo, personas que más allá de estar en el nomenclator urbano, hicieron posible el Colegio-Asilo del Carmen, embrión de uno de los barrios más importante de Manises, con  fuerte personalidad y la actividad dinamizadora de una Parroquia con asociaciones como los Júniors Creu Naixent o la Clavaría de la Virgen Milagrosa; de una Comisión de Falla que dinamiza el Barrio todo el año con actividades, o la Asociación de Vecinos de carácter reivindicativo.


En el pecado está la penitencia, y afortunadamente el olvido siempre se aminora gracias al trabajo de entidades como la Falla El Carmen que publica estas líneas y a la que agradezco el detalle. Nuestra penitencia está marcada, el olvido no puede vencer en Manises y debemos ser conscientes de que Manises es una Ciudad con personalidad propia, distinta y marcada. No olvidemos ni permitamos que nadie lo olvide. Las fallas es un buen método para que nuestra penitencia redima el pecado del olvido. Deseo que las Fallas de 2026 sean las mejores y no olvidemos que hay que vivirlas con gran intensidad.


Francisco Gimeno Miñana


Articulo publicado en el Llibret de la Falla El Carmen, de Manises, del año 2026.