domingo, 1 de marzo de 2026

Manises pecadora

                        MANISES PECADORA


Pecado, sinónimo de falta, enfocado en la responsabilidad y libertad de cada persona si es individual, y si la culpabilidad recae sobre un grupo por acciones maliciosas y cooperativas que perjudican a la sociedad será un pecado colectivo. 


Amigo lector, la época de la inmediatez que vivimos o la rapidez informativa de la que disfrutamos con internet, redes sociales y todo un mundo digital a nuestro alcance facilita la detención de pecados colectivos como la re-interpretación histórica en la que los buenos de antes son los malos de ahora. 


Pero quizás haya un pecado colectivo peor, el olvido. Es curioso que una población como Manises con multitud de cualidades, ejemplo de artesanía y laboriosidad tenga en el olvido colectivo un pecado que le consume sin remedio. No solo me refiero al olvido de nuestro patrimonio del que este último año hemos hecho gala derribando la antigua fabrica cerámica de Rosas o hace unos años el Teatro Plus Ultra ante la indiferencia de gran parte de la población y de las autoridades municipales, me refiero al olvido generalizado del que hacemos gala en nuestra esencia como pueblo.


Monolito que estuvo durante decadas al principio de las entradas de la Ciudad. Esta fotografía recoge el que estaba al principio de la Calle Valencia, en el Barrio del Carmen.


Olvidamos quienes somos, cual ha sido nuestra función dentro del Reino de Valencia o de España. La despersonalización de los maniseros  es patente en el cambio de escudo de Manises. Hemos perdido la capacidad de defender la representación que durante tantos años hemos querido los maniseros a través que hemos normalizado y adoptado como propio de cada uno de nosotros con la mayor naturalidad. Lo que ha sido bueno y hemos utilizado para representar las fallas (a través del escudo de la Junta Local Fallera) o la Semana Santa (a través del escudo de la Junta de Hermandades), ahora deja de serlo por indicaciones externas a nuestra población que ni conocen ni quieren saber de nuestras identidad manisera, ¿dónde queda la voz de los maniseros?. 


Ser la Cuna de la cerámica no debiera haber llegado a ser nunca un tópico. En términos actuales Manises muere de éxito. Las nuevas generaciones no hemos asimilado que la cerámica no es, solo, una actividad artesanal o industrial a la que los maniseros nos hemos dedicado durante siglos. Olvidamos que es mucho más, olvidamos que es el gen que llevamos durante cientos de años, es la razón por la que aparecemos como núcleo de población ya que la tierra manisera es adecuada para hacer la arcilla con la que modelar y convertirla en cerámica. Olvidamos que nuestra actividad ha influido en la forma de hacer las casas o de nuestra configuración urbana. Olvidamos que la forma de enfocar los días está basada en la actividad de la cerámica, la forma de relacionarnos con el resto del mundo e incluso la forma de divertirnos o de realizar las fiestas. 


Pecando de bufar en caldo gelat, recalco que Manises y su actividad económica en torno a la cerámica le ha permitido mirar siempre hacia arriba, a ciudades referentes como Valencia, capital de un Reino, de la cual hemos bebido para realizar nuestras fiestas y tradiciones, ejemplo claro lo tenemos en la cabalgata de la cerámica al estilo de la batalla de flores de la feria de julio o el hecho de ser una de las primera poblaciones en tener fallas, hecho histórico sustentado por la presencia de monumentos falleros en 1924 que ya realizan su función irónica, sarcástica e incluso critica, incluso más allá de estos factores Manises tuvo la visión de abrir el termino para la ubicación del Aeropuerto, sabiendo que era una infraestructura con futuro que podía ayudar el desarrollo económico y social de la población, eso si que fue mirar al futuro.


Pero el olvido colectivo se hace patente cuando nuestra Ciudad en un ansia de regeneración, quizás en un ansia de mejorar, quizás en un exceso de información por su permanente contacto con el mundo a través de la exportación cerámica, ha hecho que sus fiestas y tradiciones evolucionen rápidamente e incluso algunas desaparezcan sin que nadie levante un dedo por ellas como en otras poblaciones si que lo pudieran hacer, aferradas a ellas por ser lo único o poco que tienen.


En Manises ya nadie recuerda la Cofradía de San José, grupo de personas encargadas de fomentar la devoción josefina que existió en torno a finales del Siglo XIX-principios del Siglo XX, y que hoy es olvidada porque disfrutamos de once comisiones falleras. 


En Manises ya nadie recuerda la fiesta de la Virgen de la Soledad que se celebraba el último domingo de agosto, organizada por los músicos de La Paz y que venía a fomentar una devocionales mariana arraigada en nuestra Ciudad durante siglos. La aparición en 1945 de la Hermandad de Semana Santa con esa misma advocación, conocida popularmente como “els negres”, recoge ese testigo. 


En Manises ya nadie recuerda aquellas tradiciones pascueras que los niños y jovenes maniseros esperaban, como el de “la masa” en la que anunciando la resurrección aporreaban las puertas de las casas con una maza de madera, obligando a que las mujeres estuvieran prestas y a la espera de que la chiquillería pasase con el fin de evitar un gran daño en la puerta de su casa. Se va olvidando los cohetes de “Gloria” en el que al toque de la Resurrección los hombres tiraban multitud de cohetes como señal de alegría y generaban todo un espectáculo pirotécnico que hemos olvidado.


D. Francisco Gimeno Adrían, alcalde de Manises en 1965, con la Reina de la Cerámica del ese mismo año.


En Manises ya nadie recuerda la figura de la Reina de la Cerámica que representaba a todas las fiestas locales y que tuvo la última en 1977 siendo Doña Maria Mercedes Betoret Sanchis. O ya no recordamos que nuestra Ciudad organizaba unos juegos florales, certamen poético que permitía a los autores locales y foráneos someter su producción en valenciano y castellano al examen del jurado de los Juegos que en 1965 tuvieron su última edición, siendo la última Reina de los Juegos Florales de Manises Doña Amparo Gimeno Botet.  


En Manises ya no recordamos teatros o cines como el de La Paz, el Musical o el Cine Sorolla, los tres en funcionamiento antes de la Guerra Civil (1936-1939). O hemos olvidado que posteriormente y al mismo tiempo había varios teatros y cines que abrían sus puertas, la gente acudía a los mismos y ofrecían una programación teatral y de cine de primer orden. Hablamos del Teatro Patronato (teatro parroquial fundado en 1934), el Plus Ultra, el Rex, el Germanias (el único que ha sobrevivido).


Interior del Cine-Teatro Plus Ultra

Y mucho menos recordamos la fiesta de San Francisco de Asis, una fiesta de vecinos organizada por los maniseros que vivían en la calle Mayor, al igual que la Fiesta de Santa Ana organizada por los vecinos de la calle Monseñor Aviñó, antiguamente denominada Palomares. O la fiesta de los Santos Justo y Pastor realizada por los niños varones (entre 8 y 12 años) y en la que destacan el tabac y la Rosà, un liquido color rojo pálido, perfumado y dulzón que era típico de la fiesta. O la fiesta de Santa Felix organizada por las jovenes solteras maniseras y que recordaban la llegada a Manises de los restos de la santa siciliana. O la fiesta de la Virgen de la Asunción organizada por matrimonios maniseros. O la fiesta de la Virgen de la Cueva Santa, organizada por una gran Cofradía radicada en la Parroquia del Inmaculado Corazón de Maria y que realizaba una multitudinaria peregrinación cada año al santuario de la Cueva Santa en Altura (Castellón). O los Rosarios públicos de octubre que recorrían cada domingo las calles y plazas cantando con melodía popular y propia de Manises.


Grupo de personas de peregrinación a la Cueva Santa desde Manises.


Pero no solo la fiesta y tradición sustenta la personalidad de un pueblo. En el Barrio del Carmen, en Manises, olvidamos quienes son Ramón Nocedal y Amalia Mayo, personas que más allá de estar en el nomenclator urbano, hicieron posible el Colegio-Asilo del Carmen, embrión de uno de los barrios más importante de Manises, con  fuerte personalidad y la actividad dinamizadora de una Parroquia con asociaciones como los Júniors Creu Naixent o la Clavaría de la Virgen Milagrosa; de una Comisión de Falla que dinamiza el Barrio todo el año con actividades, o la Asociación de Vecinos de carácter reivindicativo.


En el pecado está la penitencia, y afortunadamente el olvido siempre se aminora gracias al trabajo de entidades como la Falla El Carmen que publica estas líneas y a la que agradezco el detalle. Nuestra penitencia está marcada, el olvido no puede vencer en Manises y debemos ser conscientes de que Manises es una Ciudad con personalidad propia, distinta y marcada. No olvidemos ni permitamos que nadie lo olvide. Las fallas es un buen método para que nuestra penitencia redima el pecado del olvido. Deseo que las Fallas de 2026 sean las mejores y no olvidemos que hay que vivirlas con gran intensidad.


Francisco Gimeno Miñana


Articulo publicado en el Llibret de la Falla El Carmen, de Manises, del año 2026.

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