El 23 de mayo de 1808, un humilde vendedor de pajuelas de azufre (utilizadas para encender el fuego) llamado Vicente Doménech, “el Palleter”, protagonizó en Valencia uno de los actos de dignidad popular más recordados de nuestra historia. Armado únicamente con su voz, enarbolando como bandera un trozo de tela con una estampa de la “Mare de Deu dels Desamparats” y la firme convicción de defender su tierra, declaró la guerra a Napoleón. Aquel grito no fue un acto de locura; fue la rebelión de la sociedad civil frente al olvido, el sometimiento y la injusticia de unos gobernantes que miraban hacia otro lado.
Más de dos siglos después y salvando las distancias históricas, nuestro municipio padece un silencioso letargo institucional que exige, de manera urgente, que alguien vuelva a alzar la voz en defensa de lo nuestro.
Hay que exigir de una vez por todas la finalización de las infraestructuras pendientes. No podemos permitir que Manises caiga en la desidia política por culpa de los intereses partidistas de cara al cierre del mandato. Es inaceptable que la mejora de instalaciones municipales se eternice y se conviertan en una permanente molestia para los maniseros. También hace falta ese grito de rebeldía para defender nuestra identidad: la cerámica tradicional y nuestros artesanos locales, que luchan día a día por sobrevivir frente a la globalización y la falta de un apoyo institucional verdaderamente transformador.
El Palleter nos enseñó que el tamaño del gigante no importa cuando la causa es justa. No podemos resignarnos a tratar Manises como un municipio de segunda, conformándonos con parches en lugar de soluciones reales para la movilidad, la seguridad y los servicios públicos. El "Crit" hoy no se dirige contra un ejército extranjero; se dirige contra la ineficacia y la burocracia que asfixia nuestros servicios esenciales.
A esto se suma un preocupante blindaje institucional. La oposición ha denunciado públicamente episodios de opacidad y censura en la comunicación municipal y el acceso a los expedientes. Una democracia local sana exige paredes de cristal, debate abierto y escucha activa, no el bloqueo de los canales donde el vecino expresa sus quejas legítimas. El Palleter nos demostró que el poder emana del pueblo, y resulta contradictorio que un gobierno que se autodefine como progresista cierre las ventanas a la fiscalización ciudadana.
Los vecinos de Manises no necesitamos un líder supremo, pero sí necesitamos despertar de la apatía, acudir a los plenos, informarnos mediante la prensa y exigir a nuestros representantes que dejen a un lado los cálculos electorales. Es hora de romper el silencio y recordarles que están ahí para servir al pueblo, no para servirse de él. Es hora de que las asociaciones, los comercios y la ciudadanía en general recuperemos el orgullo local. Debemos exigir con firmeza lo que por derecho nos corresponde. El silencio solo beneficia a quienes prefieren una ciudadanía sumisa. Es el momento de hablar alto y claro.
¡¡ Vixca Manises y vixca la gent treballadora
que alça esta ciutat tots els dies!!
Francisco Gimeno Miñana
23 de mayo de 2026
