lunes, 17 de agosto de 2026

Voto Asuncionista A.N.E Manises


 VOTO ASUNCIONISTA A.N.E. MANISES



Fachada de la Iglesia San Juan Bautista de
Manises (1751)

Coincidiendo con los días centrales de agosto en los que España entera festeja y celebra el dogma de la Asunción de Maria he querido recuperar y poner en valor un acontecimiento fundamental en la crónica religiosa y social de nuestra localidad. No solo es un recuerdo a la devoción mariana de nuestra Ciudad, sino que justifica y contextualiza históricamente cómo la comunidad eclesial manisera se unió al clamor universal que transformaría la teología del siglo XX a través del Voto Asuncionista, en este caso de la sección local de la Adoración Nocturna Española. A través de estas líneas, se explica el origen de una fe multisecular que arraigó en el Reino de Valencia desde los tiempos de Jaime I y que tuvo en Manises un eco adelantado y valiente dos años antes de la proclamación del dogma papal.


Tras años de preparación en el que la Iglesia Universal tal como lo demuestran documentos como la carta encíclica del Papa Pio XII “Deiparae Virginis Mariae” (De la Virgen Madre de Dios), publicada el 1 de mayo de 1946, en el que intenta averiguar el sentir del episcopado y de la Iglesia acerca de la Asunción, el año 1950 inscribió una de las páginas más significativas en la historia del catolicismo contemporáneo. El 1 de noviembre de ese año, mediante la constitución apostólica Munificentissimus Deus, el Papa Pío XII proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de la Virgen María. Esta declaración pontificia no solo transformó la teología mariana, sino que desató una ola de fervor religioso de gran alcance en toda la Cristiandad.


La devoción universal a este misterio se remonta a los primeros tiempos del cristianismo. Hacia el año 500, comenzó a conmemorarse el tránsito de María con una festividad fijada el 15 de agosto en el santuario mariano de Getsemaní (Jerusalén). En la tradición bizantina de las iglesias orientales, esta celebración se denominó originalmente la "Dormición de la Virgen". El término hacía referencia al "sueño" o tránsito pacífico de María antes de ser glorificada. El emperador bizantino Mauricio (582-602) extendió la fiesta a todo el Imperio de Oriente. Posteriormente, a mediados del siglo VII, el papa Teodoro I introdujo oficialmente la festividad en Roma y en la Iglesia occidental.


El 15 de agosto representa litúrgicamente "la victoria de Dios en la Virgen María" sobre la muerte, vinculándolo de forma directa con el misterio de la resurrección de Jesucristo. 


En el Reino de Valencia, sabemos que en el siglo XIII se había impuesto ya la tradición de estas creencias, como bien lo prueba el rey Jaime I “el Conquistador”, quien consagró al Misterio de la Asunción muchas de las Iglesias principales de las ciudades conquistadas y que originariamente fueron mezquitas musulmanas. Buena prueba de ello fue la consagración a la Asunción de la Virgen de la Iglesia Mayor de Valencia o Catedral.


Imagen de la Virgen de la Asunción Parroquia S. Juan Bta 
de Manises

Concretando más en el tiempo y ya en nuestra localidad, sabemos que en 1948 la Sección Local de la Adoración Nocturna Española (A.N.E) realizó el voto asuncionista que se convirtió en una petición elevada a Su Santidad Pio XII para que fuera declarado Dogma este misterio. El "Voto Asuncionista" consistió en la formulación de una promesa o juramento solemne por el cual los adoradores nocturnos declaraban solemnemente su fe inquebrantable en la Asunción en cuerpo y alma de la Virgen María a los cielos, sumándose a la petición colectiva para que fuera declarado dogma. En ese momento Manises contaba con una sola Parroquia, la de San Juan Bautista, regida por Don Jose Granell Cardo, siendo presidente de la sección locaL de la A.N.E Don Ernesto Diez Royo (del 28-3-1948 al 18-3-1949), quien había sustituido a Don Francisco Benlloch Verdejo (del 23-3-1947 al 18-3-1948). La sección local de la Adoración Nocturna fue fundada en el año 1893, llegando a contar con dos turnos de vela bajo la advocación de San Juan Bautista el primero y de las Santas Justa y Rufina, patronas de Manises, el segundo que fue fundado en 1926, al año siguiente de la proclamación canónica de las Santas como Patronas de Manises. 

 

A continuación reproducimos integra la formula con la que todos los adoradores de ese momento juraron y a la vez la Sección local de la A.N.E manifestó su adhesión. 

 

 

 Adorado sea el Santísimo Sacramento del Altar 

Ave María Purísima 

 

 VOTO ASUNCIONISTA 

 

 

 En la Iglesia Parroquial de esta Ciudad a once de abril de mil novecientos cuarenta y ocho (domingo), a continuación de la Misa de once, previa convocatoria del Rvdo. Sr. Cura Párroco, Arcipreste de Valencia ( Sureste ), se reunió el consejo Directivo de esta Sección y después de las preces y escuchar el significado del VOTO ASUNCIONISTA, tomó el acuerdo de adherirse al mismo adoptando y suscribiendo la siguiente formula: 

 

 “ Juramos confesar y confesamos que María, Madre de Dios, murió, resucito y subió a los cielos en cuerpo y alma. Rogamos a Su Santidad el Papa Pío XII, actualmente reinante, que esta verdad, que creemos y profesamos, sea proclamada dogma de Fe Católica “ 

 

  Con una salve en acción de gracias se levantó la sesión. 


 

El Voto Asuncionista de la Adoración Nocturna de Manises en 1948 trasciende la mera catalogación de efeméride religiosa. Este acontecimiento histórico representa el punto de encuentro entre una corriente teológica de dimensión universal y la vivencia espiritual íntima de una comunidad local. Analizar este suceso nos permite comprender mejor los mecanismos de cohesión social, la influencia de las instituciones laicales de la época y el arraigo de unas tradiciones que contribuyeron de forma decisiva a forjar la memoria histórica y cultural de Manises.


La proclamación del Voto Asuncionista no solo se realizó en nuestra Ciudad por lo que continuó su camino el 8 de mayo de 1948, fecha de celebración del XXV aniversario de la Coronación de la Virgen de los Desamparados de Valencia, incluyendo por parte del Arzobispo Don Marcelino Olaechea el voto asuncionista de toda la diócesis.


Francisco E. Gimeno Miñana





 

miércoles, 1 de julio de 2026

El “Acte del Devallament”, un hito piadoso en la Manises del siglo XXI

 El “Acte del Devallament”, un hito piadoso en la Manises del siglo XXI.

Cada Viernes Santo, cuando la tarde cae sobre la llanura valenciana, Manises contiene el aliento. La luz que cruza las vidrieras de la iglesia de San Juan Bautista abre las puertas de mi memoria. Vuelvo a ser el niño que caminaba junto a su padre, Francisco Gimeno Botet (nombre propio en la historia del “Acte del Devallament”), cuya constancia y fe ciega fueron claves para que jamás dejara de celebrarse. Lo recuerdo con su alba blanca, subiendo las escaleras de madera en medio de un silencio absoluto, roto solo por el golpe seco del martillo al arrancar los clavos; un eco solemne que aún resuena en mi interior.


Ahora, ya adulto, vuelvo a sentir aquella emoción profunda que me estremecía siendo niño. No es un silencio ordinario; es el silencio de un pueblo que reza sin palabras, el silencio de generaciones enteras que aprendieron a llorar mirando una cruz. Y entonces comprendo que la historia ha cerrado su círculo perfecto. Aquel niño que miraba maravillado a su padre sobre el Altar Mayor ya no contempla el acto desde los bancos de la iglesia. El tiempo avanzó inexorablemente y la túnica blanca de la Hermandad de la Soledad terminó convirtiéndose en mi propia piel. Llegó el día en que mis manos, temblorosas pero firmes, sostuvieron por primera vez las sábanas blancas del descendimiento y sintieron el peso sagrado del Cristo muerto. En aquel instante no solo sostenía una imagen: sostenía la memoria de mi padre, la fe de mi familia y el legado espiritual de todo un pueblo.


El destino quiso depositar sobre los hombros de los miembros de la Hermandad de la Soledad una responsabilidad que trasciende cualquier ceremonia. Somos custodios de una emoción colectiva, guardianes de un instante que pertenece al alma de Manises. Cada golpe de martillo debe sonar con la precisión solemne de un reloj antiguo; cada movimiento debe respetar el silencio sagrado del templo; cada gesto debe acompañar con dignidad el descenso del cuerpo de Cristo. Porque en esos minutos no existe el tiempo. Solo existe la emoción contenida de un pueblo entero que observa cómo el Hijo desciende lentamente de la Cruz mientras las lágrimas silenciosas afloran en muchos rostros. Las miradas fijas, los rostros solemnes y el respeto absoluto transforman el templo en algo más que una iglesia: lo convierten en el corazón palpitante de Manises. Allí, bajo la tenue luz del altar y el crujir de las escaleras de madera, el “Devallament de la Creu” deja de ser una representación para convertirse en un sentimiento compartido, en la joya viva de la Semana Santa Manisera.

El Acto del Descendimiento pasó de ceremonia litúrgica a escenificación dramática en la Edad Media, con el objetivo de educar al pueblo. Ante la incomprensión del latín por parte de los fieles, la Iglesia autorizó representaciones visuales y teatrales que permitieron a los creyentes experimentar la Pasión con mayor empatía y realismo. Este Acto narra el episodio evangélico en el que José de Arimatea y Nicodemo descuelgan el cuerpo inerte de Jesús con la ayuda de escaleras y lienzos. Comenzó en Jerusalén y fue introducido en Europa por los frailes franciscanos, siendo un acto sobrio donde clérigos realizaban el descendimiento del Crucificado siguiendo los relatos de los Evangelios. Para dar realismo a la bajada del cuerpo, a partir del siglo XIV comenzaron a tallarse imágenes de Cristo con brazos y piernas articulados, facilitando así el desplazamiento de las manos y el descenso del cuerpo. Una vez abajo, la figura de Cristo suele colocarse en brazos de la Virgen María, la mayoría de las veces bajo la advocación de la Soledad, antes de ser depositada en la urna para el Santo Entierro. Tras el Concilio de Trento, la Iglesia revitalizó estas ceremonias. El Acto se convirtió en una dramatización más compleja, autónoma y con una fuerte carga teatral —el llamado “desenclavo”— donde actores reales y cofrades escenificaban el drama sagrado. Es la culminación de la Pasión: el momento físico en el que termina el sufrimiento terrenal de Jesús y se sella su sacrificio redentor por la humanidad. Litúrgicamente, resalta la Cruz no solo como instrumento de dolor, sino también como trono de victoria y amor. Marca la transición entre la muerte de Jesús —el Viernes Santo— y la espera silenciosa antes de la Resurrección, buscando la participación del pueblo que contempla y vive el dolor de la muerte de Cristo, invitando al arrepentimiento y a la reflexión sobre el pecado. Asimismo, se enfatiza el sufrimiento de María al recibir el cuerpo sin vida de su Hijo, reflejando el dolor humano ante la pérdida y simbolizando el abrazo entre el cielo y la tierra, la vida y la muerte, y la esperanza que nace del amor extremo.

La Semana Santa Manisera hunde sus raíces en la Cofradía de la Sang (1574) y aunque tengo el convencimiento que el “Devallament” se remonta a varios siglos también, los primeros datos que conocemos sobre el Acto vienen de la segunda mitad del siglo XIX, cuando el manisero Don Silvestre Arenes Bellver deja las rentas de una casa de su propiedad, sita en la calle del Angel nº 8, para sufragar los gastos que ocasionara este Acto. Vemos pues que originalmente organizado por la familia Arenes, este acto se celebra cada Viernes Santo en la Parroquia de San Juan Bautista justo antes de la Procesión del Santo Entierro.


Hasta 1936 el Crucificado desenclavado posteriormente salía en la Procesión del Santo Entierro. En 1945, doña Sacramento Vilar Arenes (descendiente de la familia Arenes) sufragó la actual imagen del Cristo del Salvador, una obra de madera de pino, de 1’65 m, con brazos articulados y realizada por el escultor José Martínez Solaz. A lo largo de los años, el desenclavo pasó de manos de los sacerdotes a los hermanos de la Esperanza (década de 1960 hasta 1978 aproximadamente) y a partir de 1979 se hacen cargo un grupo de feligreses —muchos de ellos antiguos miembros de las hermandades— quienes mantuvieron vivo el acto. Por acuerdo del 12 de febrero de 1996 la Junta de Hermandades de la Semana Santa Manisera resuelve que la Hermandad de la Soledad “els negres” organizaría, desarrollaría, se haría cargo de los gastos que ocasionara y velaría por el “Acte del Devallament”, acuerdo vigente en la actualidad. 


En sus orígenes, el Acto incluía el Sermón del Descendimiento, sustituido en los años 70 por el de las Siete Palabras. Desde 2014 no hay Sermón y la Hermandad de la Soledad elabora su propio texto basado en la dinámica del desenclavo, creando así los primeros libretos propios del Acto.

No conociendo música propia de este Acto, entre 2008 y 2011 el Cor Ciutat de Manises intervino en el mismo, repitiendo este año 2026 con una colaboración activa en el desarrollo del Acto al que aportó un nutrido coro dirigido por José Vte Fuentes Castilla y figurantes que, unidos a los miembros de la Hdad de la Soledad, han dado un nuevo impulso a este Acto.

La historia del "Acte del Devallament" vive en el corazón de quienes preservan la memoria espiritual de Manises. Destaca la labor de José María Moreno Royo, defensor de la identidad local a través de sus publicaciones, así como de Ángel Coll Belenguer y Domingo Molina Ajenjo, miembros de la Hermandad que siempre realizaron el Acto junto a mi padre, convirtiéndose todos en nombres propios de la historia del “Devallament”.


La Hermandad de la Soledad («els negres») realiza desde 1996 una labor magnífica relacionada con el «Devallament». El año 2026 marca un punto de inflexión. Gracias a la Parroquia San Juan Bautista, la colaboración del Ateneu Cultural Ciutat de Manises y las recientes renovaciones de la Hermandad, el futuro de este valioso acto religioso y cultural de Manises está plenamente garantizado en pleno siglo XXI.


Francisco E. Gimeno Miñana

Mayo de 2026.

sábado, 23 de mayo de 2026

¿Quién alzará el "Crit del Palleter" en Manises?

 

El 23 de mayo de 1808, un humilde vendedor de pajuelas de azufre (utilizadas para encender el fuego) llamado Vicente Doménech, “el Palleter”, protagonizó en Valencia uno de los actos de dignidad popular más recordados de nuestra historia. Armado únicamente con su voz, enarbolando como bandera un trozo de tela con una estampa de la “Mare de Deu dels Desamparats” y la firme convicción de defender su tierra, declaró la guerra a Napoleón. Aquel grito no fue un acto de locura; fue la rebelión de la sociedad civil frente al olvido, el sometimiento y la injusticia de unos gobernantes que miraban hacia otro lado.


    Más de dos siglos después y salvando las distancias históricas, nuestro municipio padece un silencioso letargo institucional que exige, de manera urgente, que alguien vuelva a alzar la voz en defensa de lo nuestro.


  ¿Quién encarnará, hoy, el espíritu del Palleter en Manises?. La parálisis institucional que vive el municipio empieza a ser insostenible. Mientras el equipo de gobierno actual lidia con la incertidumbre política y los complejos relevos en la alcaldía tras los problemas de salud del actual alcalde, la gestión del día a día se resiente. Los pactos de despacho parecen pesar más que las soluciones reales para los vecinos, convirtiendo la gobernabilidad en un tablero de ajedrez donde la ciudadanía es la única que pierde posiciones.


    Hay que exigir de una vez por todas la finalización de las infraestructuras pendientes. No podemos permitir que Manises caiga en la desidia política por culpa de los intereses partidistas de cara al cierre del mandato. Es inaceptable que la mejora de instalaciones municipales se eternice y se conviertan en una permanente molestia para los maniseros. También hace falta ese grito de rebeldía para defender nuestra identidad: la cerámica tradicional y nuestros artesanos locales, que luchan día a día por sobrevivir frente a la globalización y la falta de un apoyo institucional verdaderamente transformador.


    El Palleter nos enseñó que el tamaño del gigante no importa cuando la causa es justa. No podemos resignarnos a tratar Manises como un municipio de segunda, conformándonos con parches en lugar de soluciones reales para la movilidad, la seguridad y los servicios públicos. El "Crit" hoy no se dirige contra un ejército extranjero; se dirige contra la ineficacia y la burocracia que asfixia nuestros servicios esenciales.


    A esto se suma un preocupante blindaje institucional. La oposición ha denunciado públicamente episodios de opacidad y censura en la comunicación municipal y el acceso a los expedientes. Una democracia local sana exige paredes de cristal, debate abierto y escucha activa, no el bloqueo de los canales donde el vecino expresa sus quejas legítimas. El Palleter nos demostró que el poder emana del pueblo, y resulta contradictorio que un gobierno que se autodefine como progresista cierre las ventanas a la fiscalización ciudadana.


    Los vecinos de Manises no necesitamos un líder supremo, pero sí necesitamos despertar de la apatía, acudir a los plenos, informarnos mediante la prensa y exigir a nuestros representantes que dejen a un lado los cálculos electorales. Es hora de romper el silencio y recordarles que están ahí para servir al pueblo, no para servirse de él. Es hora de que las asociaciones, los comercios y la ciudadanía en general recuperemos el orgullo local. Debemos exigir con firmeza lo que por derecho nos corresponde. El silencio solo beneficia a quienes prefieren una ciudadanía sumisa. Es el momento de hablar alto y claro.


¡¡ Vixca Manises y vixca la gent treballadora

que alça esta ciutat tots els dies!!


Francisco Gimeno Miñana

23 de mayo de 2026



lunes, 2 de marzo de 2026

Semana Santa Manisera

 SEMANA SANTA MANISERA


La quema de los monumentos falleros y la consecuente llegada de la primavera al compas de la saeta de Antonio Machado nos recuerda buscar una escalera para bajar a Jesús del madero porque vivimos la Semana Santa, una semana llena de Fe, llena de tradición como lo vemos a través de nuestra Semana Santa Manisera. 

 

Cuatro Hermandades o Cofradías hacen que las calles y plazas de Manises se llenen de Traslados, Procesiones y Encuentros con los que transmiten que estamos en la semana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Cuando nos acercamos a presenciar las procesiones vemos que el elemento más característico es la vesta, el habito que visten los hermanos de las Hermandades y que está formado por capucho con el que se mantienen el anonimato al tapar el rostro, la túnica con el cíngulo símbolo de penitencia, la capa, los guantes y el báculo que es la vara, de metal generalmente aunque puede ser de otro material, que los hermanos portan en las procesiones y que dan una identidad corporativa. 


Así pues, en Manises nos encontramos actualmente con cuatro Hermandades:


1.- Hermandad del Santo Sepulcro y Caballeros del Santo Entierro, fundada en 1930, con dos pasos, el Calvario del Ave Maria y el Santo Sepulcro con el Cristo Yacente. Su vesta está configurada por capucho morado con el Sepulcro bordado, capa morada con la Cruz del Santo Sepulcro bordada en el lado izquierdo, túnica blanca, cíngulo morado y blanco, sandalias moradas, báculo de metal dorado rematado por la maqueta del Santo Sepulcro y guantes blancos. El color morado es símbolo de penitencia y el color blanco símbolo de la divinidad de Cristo. Son conocidos popularmente como “els morats” por el color predominante.


2.- Hermandad de La Flagelación del Señor, Ecce-Homo y María Santísima de la Amargura y el Perdón, fundada en 1944. Tiene tres pasos, La Flagelación del Señor, el Ecce-Homo, y la Virgen de la Amargura y el Perdón. Su vesta está configurada por capuchón rojo con la columna y el flagelo rodeados de la corona de espinas bordado en el mismo, túnica de color rojo, capa blanca con la Cruz de Montesa bordada en el lado izquierdo, cíngulo amarillo, báculo de metal dorado rematado por la imagen del flagelado rodeado de la corona de espinas, y guantes blancos. El rojo es el color que representa la sangre de Cristo, el amarillo es el símbolo de la realeza de Jesús y el blanco el color de la inocencia de Cristo. Son conocidos popularmente como “els rojos” por el color predominante en la vesta.


3.- Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, Virgen de la Soledad, y del Descendimiento, fundada en 1945. Esta Hermandad procesiona con tres pasos, Jesús del Gran Poder (con la cruz a cuestas), la Vera Cruz y la Virgen de la Soledad. Su vesta se basa en el capuchón negro con el escudo de la Hermandad bordado, capa negra, túnica blanca con botonadura y cíngulo de color negro, báculo de metal blanco rematado en color dorado por la Cruz desnuda con el Sudario rodeada de la Corona de Espinas (escudo Hermandad), guantes blancos y negros, únicamente para el Miércoles Santo y Viernes Santo.


Popularmente se les conoce como “els negres” ya que es el color que destaca en su vesta. El color negro representa el luto de la Virgen por la muerte de su Hijo en la Cruz y el color blanco la pureza tanto de Maria como de su Hijo.


4.- Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Misericordias y Maria Santísima Esperanza de los Desamparados, fundada en 1946, con dos pasos, Nuestro Padre Jesús de las Misericordias y la Virgen de la Esperanza. Su vesta está formada por capucho verde con el escudo de la Hermandad bordado, cíngulo de color verde, capa, túnica y guantes de color blanco, con báculo de metal blanco rematado por el escudo de la Cofradía. El color verde es el de la Esperanza y son popularmente conocidos como “els verds”.


Los orígenes de la Semana Santa Manisera se remontan al Siglo XVI. De 1574 son los primeros datos conocidos de la existencia de la Cofradía de la Sangre, una pujante Cofradía que organizó durante decenios las procesiones de la Semana Santa. La familia Boil, Señores de Manises, siempre estuvo ligada de una manera u otra a la Semana Santa ya sea perteneciendo a la Cofradía de las Sangre, ya sea de manera directa velando por el mantenimiento de imágenes y enseres como lo atestigua el hecho de que en 1811 la Marquesa de la Scala (Señora de Manises) encargara un nuevo manto para la imagen de la Virgen de la Soledad a las Camareras de la Asunción. 


A finales del siglo XIX encontramos que no habiendo cofradía o colectivo que organizaran los actos de la Semana Santa, esta responsabilidad recae en dos familias, la de Don Francisco Arenes Sanchis y la de los hermanos Don Felix y Don Justo Vilar Arenes, primos hermanos del anterior, que de manera alterna van organizando los actos de la Semana Santa, principalmente el Acto del Descendimiento y el Santo Entierro. 


En 1930, el Párroco de ese momento Monseñor Aviñó impulsa la creación de una cofradía de carácter amplio y popular, la Cofradía del Santo Entierro, embrión de la actual del Santo Sepulcro. 


Con la aparición de las actuales Hermandades a mitad de los años 40 del siglo XX la Semana Santa Manisera evoluciona hasta nuestros días, conjugando nuevos actos con los actos tradicionales maniseros principalmente en la tarde del Viernes Santo. Destaca la realización dentro de la Iglesia de San Juan Bautista del Acto del Descendimiento, en el que los hermanos de la Soledad desenclavan solemnemente el cuerpo del Crucificado, momentos previos a la Solemne Procesión del Santo Entierro. Este Acto del Descendimiento se conserva en muy pocas poblaciones valencianas siendo Manises junto a Sagunto y Oliva donde se conserva su realización.


La Solemne Procesión del Santo Entierro en la tarde-noche del Viernes Santo recoge la participación de todas las Hermandades, junto a todos sus Pasos, siendo la más solemne de todas cuantas se realizan en la Semana Santa Manisera. Por último, destacar el Encuentro Glorioso la mañana del Domingo de Resurrección en el que las imágenes del Resucitado y la Virgen se encuentran en la Plaza de la Iglesia,  La imagen de la Virgen de la Soledad de alegría una vez esta frente a la imagen de Jesús Resucitado realiza tres reverencias hacia adelante y tres reverencias hacia atrás, cuya última reverencia da pie a la retirada del velo negro que da paso a una explosión de alegría en la Plaza de la Iglesia, en la que los sones del Himno Nacional se mezclan con los aplausos, los tambores, la caída de las aleluyas con versos en lengua valenciana y las campanas del campanario.


Antes de acabar, me gustaría nombrar a la Hermandad del Cristo del Salvador, una quinta Hermandad que existió en Manises entre los años 1964 y 1972, erigida en la Parroquia del Inmaculado Corazón de Maria. Aquella Hermandad procesionaba con dos pasos, el Cristo del Salvador (imagen que hoy preside el Altar Mayor de la Iglesia del Inmaculado Corazón de Maria) y la Virgen del Mayor Dolor. Los hermanos vestían capucho blanco con el rostro del Cristo del Salvador pintado en el mismo, capa negra con una cruz amarilla en el lado izquierdo, túnica blanca, cíngulo morado, báculo metálico rematado con una cruz y guantes blancos. 


Hoy, en el Siglo XXI la Semana Santa Manisera sigue siendo una vivencia en la que Fe, devoción y tradición se mezclan para hacer una semana única en la que traslados, encuentros y procesiones puedan transmitir el mensaje de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo de la mejor manera.


Francisco Gimeno Miñana


Artículo publicado en el Llibret de la Falla ePensat i Fer de Manises, de año 2026.

domingo, 1 de marzo de 2026

Manises pecadora

 MANISES PECADORA


Pecado, sinónimo de falta, enfocado en la responsabilidad y libertad de cada persona si es individual, y si la culpabilidad recae sobre un grupo por acciones maliciosas y cooperativas que perjudican a la sociedad será un pecado colectivo. 


Amigo lector, la época de la inmediatez que vivimos o la rapidez informativa de la que disfrutamos con internet, redes sociales y todo un mundo digital a nuestro alcance facilita la detención de pecados colectivos como la re-interpretación histórica en la que los buenos de antes son los malos de ahora. 


Pero quizás haya un pecado colectivo peor, el olvido. Es curioso que una población como Manises con multitud de cualidades, ejemplo de artesanía y laboriosidad tenga en el olvido colectivo un pecado que le consume sin remedio. No solo me refiero al olvido de nuestro patrimonio del que este último año hemos hecho gala derribando la antigua fabrica cerámica de Rosas o hace unos años el Teatro Plus Ultra ante la indiferencia de gran parte de la población y de las autoridades municipales, me refiero al olvido generalizado del que hacemos gala en nuestra esencia como pueblo.


Olvidamos quienes somos, cual ha sido nuestra función dentro del Reino de Valencia o de España. La despersonalización de los maniseros  es patente en el cambio de escudo de Manises. Hemos perdido la capacidad de defender la representación que durante tantos años hemos querido los maniseros a través que hemos normalizado y adoptado como propio de cada uno de nosotros con la mayor naturalidad. Lo que ha sido bueno y hemos utilizado para representar las fallas (a través del escudo de la Junta Local Fallera) o la Semana Santa (a través del escudo de la Junta de Hermandades), ahora deja de serlo por indicaciones externas a nuestra población que ni conocen ni quieren saber de nuestras identidad manisera, ¿dónde queda la voz de los maniseros?. 


Ser la Cuna de la cerámica no debiera haber llegado a ser nunca un tópico. En términos actuales Manises muere de éxito. Las nuevas generaciones no hemos asimilado que la cerámica no es, solo, una actividad artesanal o industrial a la que los maniseros nos hemos dedicado durante siglos. Olvidamos que es mucho más, olvidamos que es el gen que llevamos durante cientos de años, es la razón por la que aparecemos como núcleo de población ya que la tierra manisera es adecuada para hacer la arcilla con la que modelar y convertirla en cerámica. Olvidamos que nuestra actividad ha influido en la forma de hacer las casas o de nuestra configuración urbana. Olvidamos que la forma de enfocar los días está basada en la actividad de la cerámica, la forma de relacionarnos con el resto del mundo e incluso la forma de divertirnos o de realizar las fiestas. 


Pecando de bufar en caldo gelat, recalco que Manises y su actividad económica en torno a la cerámica le ha permitido mirar siempre hacia arriba, a ciudades referentes como Valencia, capital de un Reino, de la cual hemos bebido para realizar nuestras fiestas y tradiciones, ejemplo claro lo tenemos en la cabalgata de la cerámica al estilo de la batalla de flores de la feria de julio o el hecho de ser una de las primera poblaciones en tener fallas, hecho histórico sustentado por la presencia de monumentos falleros en 1924 que ya realizan su función irónica, sarcástica e incluso critica, incluso más allá de estos factores Manises tuvo la visión de abrir el termino para la ubicación del Aeropuerto, sabiendo que era una infraestructura con futuro que podía ayudar el desarrollo económico y social de la población, eso si que fue mirar al futuro.


Pero el olvido colectivo se hace patente cuando nuestra Ciudad en un ansia de regeneración, quizás en un ansia de mejorar, quizás en un exceso de información por su permanente contacto con el mundo a través de la exportación cerámica, ha hecho que sus fiestas y tradiciones evolucionen rápidamente e incluso algunas desaparezcan sin que nadie levante un dedo por ellas como en otras poblaciones si que lo pudieran hacer, aferradas a ellas por ser lo único o poco que tienen.


En Manises ya nadie recuerda la Cofradía de San José, grupo de personas encargadas de fomentar la devoción josefina que existió en torno a finales del Siglo XIX-principios del Siglo XX, y que hoy es olvidada porque disfrutamos de once comisiones falleras. 


En Manises ya nadie recuerda la fiesta de la Virgen de la Soledad que se celebraba el último domingo de agosto, organizada por los músicos de La Paz y que venía a fomentar una devocionales mariana arraigada en nuestra Ciudad durante siglos. La aparición en 1945 de la Hermandad de Semana Santa con esa misma advocación, conocida popularmente como “els negres”, recoge ese testigo. 


En Manises ya nadie recuerda aquellas tradiciones pascueras que los niños y jovenes maniseros esperaban, como el de “la masa” en la que anunciando la resurrección aporreaban las puertas de las casas con una maza de madera, obligando a que las mujeres estuvieran prestas y a la espera de que la chiquillería pasase con el fin de evitar un gran daño en la puerta de su casa. Se va olvidando los cohetes de “Gloria” en el que al toque de la Resurrección los hombres tiraban multitud de cohetes como señal de alegría y generaban todo un espectáculo pirotécnico que hemos olvidado.


En Manises ya nadie recuerda la figura de la Reina de la Cerámica que representaba a todas las fiestas locales y que tuvo la última en 1977 siendo Doña Maria Mercedes Betoret Sanchis. O ya no recordamos que nuestra Ciudad organizaba unos juegos florales, certamen poético que permitía a los autores locales y foráneos someter su producción en valenciano y castellano al examen del jurado de los Juegos que en 1965 tuvieron su última edición, siendo la última Reina de los Juegos Florales de Manises Doña Amparo Gimeno Botet.  


En Manises ya no recordamos teatros o cines como el de La Paz, el Musical o el Cine Sorolla, los tres en funcionamiento antes de la Guerra Civil (1936-1939). O hemos olvidado que posteriormente y al mismo tiempo había varios teatros y cines que abrían sus puertas, la gente acudía a los mismos y ofrecían una programación teatral y de cine de primer orden. Hablamos del Teatro Patronato (teatro parroquial fundado en 1934), el Plus Ultra, el Rex, el Germanias (el único que ha sobrevivido).


Y mucho menos recordamos la fiesta de San Francisco de Asis, una fiesta de vecinos organizada por los maniseros que vivían en la calle Mayor, al igual que la Fiesta de Santa Ana organizada por los vecinos de la calle Monseñor Aviñó, antiguamente denominada Palomares. O la fiesta de los Santos Justo y Pastor realizada por los niños varones (entre 8 y 12 años) y en la que destacan el tabac y la Rosà, un liquido color rojo pálido, perfumado y dulzón que era típico de la fiesta. O la fiesta de Santa Felix organizada por las jovenes solteras maniseras y que recordaban la llegada a Manises de los restos de la santa siciliana. O la fiesta de la Virgen de la Asunción organizada por matrimonios maniseros. O la fiesta de la Virgen de la Cueva Santa, organizada por una gran Cofradía radicada en la Parroquia del Inmaculado Corazón de Maria y que realizaba una multitudinaria peregrinación cada año al santuario de la Cueva Santa en Altura (Castellón). O los Rosarios públicos de octubre que recorrían cada domingo las calles y plazas cantando con melodía popular y propia de Manises.


Pero no solo la fiesta y tradición sustenta la personalidad de un pueblo. En el Barrio del Carmen, en Manises, olvidamos quienes son Ramón Nocedal y Amalia Mayo, personas que más allá de estar en el nomenclator urbano, hicieron posible el Colegio-Asilo del Carmen, embrión de uno de los barrios más importante de Manises, con  fuerte personalidad y la actividad dinamizadora de una Parroquia con asociaciones como los Júniors Creu Naixent o la Clavaría de la Virgen Milagrosa; de una Comisión de Falla que dinamiza el Barrio todo el año con actividades, o la Asociación de Vecinos de carácter reivindicativo.


En el pecado está la penitencia, y afortunadamente el olvido siempre se aminora gracias al trabajo de entidades como la Falla El Carmen que publica estas líneas y a la que agradezco el detalle. Nuestra penitencia está marcada, el olvido no puede vencer en Manises y debemos ser conscientes de que Manises es una Ciudad con personalidad propia, distinta y marcada. No olvidemos ni permitamos que nadie lo olvide. Las fallas es un buen método para que nuestra penitencia redima el pecado del olvido. Deseo que las Fallas de 2026 sean las mejores y no olvidemos que hay que vivirlas con gran intensidad.


Francisco Gimeno Miñana


Articulo publicado en el Llibret de la Falla El Carmen, de Manises, del año 2026.